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Hay lugares que me impresionan. En este mundo cambiante donde nos empeñamos en destrozar todo lo que se nos interpone, aunque en realidad seamos nosotros los que estorbamos, empiezo a valorar muy mucho el encontrar de vez en cuando esos lugares donde la mano del hombre aun no ha destrozado el paisaje, o, aunque parezca un contrasentido, aquellos lugares donde la mano del hombre, de un modo más o menos agresivo, ha llegado a conferir a algunos paisajes cierta belleza. No sabría describir cuáles son los ingredientes imprescindibles de un paisaje para ser digno de aparecer en esta sección, pero sí podría deciros que son, como decía al principio, paisajes que me han impresionado, vistas que de pronto me han obligado a bajarme del coche y coger la cámara que suelo llevar debajo del asiento, e inmortalizarlas con más o menos acierto, en los casos en que la foto es mía. En otros casos son fotos que he encontrado de lugares que nunca he visitado (alguno de ellos con seguridad jamás lo visitaré). Cuando me enfrento a uno de estos paisajes, me suelo quedar completamente embobado y puedo pasar horas muertas contemplando cada detalle, y tengo la sensación de que el tiempo se ha parado. Todos estos lugares irán apareciendo aquí, desde el más libre de la mano del hombre, hasta el producto de la más degradante incompetencia humana. (Nota: he cambiado el tamaño de la letra en este texto porque el anterior era criminal. Mi vista empieza a no ser la de antes y gracias a eso me he dado cuenta)

 

En obras